Wednesday, April 24, 2013



Nuevaescapada a Madrid. Esta vez voy con el tiempo justo. Ni siquiera podré pasar por la peluquería de Amed. Tengo una entrevista difícil. una gestión aburrida y un almuerzo rápido con alguien que necesita verme.
Antes paso por mi casa para echar una ojeada al correo y recoger un paquete con la primera edición canadiense de “God’s Nativity Scene”. Así han titulado “El belén que puso Dios”.
Llego a mi habitación y, nada más abrir la puerta, compruebo que tengo un okupa. Lucho, un periodista peruano que pasó por Molinoviejo hace unos días, ha tomado posesión de todo mi espacio vital. Dos maletas, una bolsa, libros, ropa, utensilios de baño…
Me detengo unos instantes en el centro del dormitorio y compruebo que están en su sitio los libros que dejé en las estanterías. Han desaparecido dos “belenes” y cuatro “relatos”. Es una buena noticia: mis libros siguen interesando a los rateros. Desahuciado sí, pero con clase.
Regreso el sábado. Si me encuentro a Lucho, lo escracho por el pasillo.
 

Tuesday, April 23, 2013





Hoyhace 101 años hizo la Primera Comunión San Josemaría Escrivá.
Quizá alguien piense que la fecha tiene una importancia relativa, pero el Fundador de la Obra, que no era muy amigo de festejos, la recordaba con todo detalle y celebraba su aniversario año tras año.
Todos deberíamos hacerlo así: nuestro primer encuentro con Jesús Sacramentado es un hito fundamental si, de verdad, aspiramos a ser santos, a verlo cara a cara en el Cielo.
Tengo en mi mesa de trabajo algo que, a primera vista, podría parecer un abultado mazo de naipes. En realidad son recordatorios de Primera Comunión de cientos de niñas de Aldeafuente a las que tuve la alegría de preparar para ese día.
―¿Para qué hacemos recordatorios? ―les pregunté una vez―.
―¡Para que no nos olvidemos! ―contestaron todas a grito pelado―.
¿Sólo para no olvidar?
Cada mañana, cuando estoy en casa, “barajo” esos recordatorios, saco uno y lo pongo encima de los demás. Trato entonces de recordar la carita de aquella niña vestida de blanco, que quizá ahora tenga ya veinte, treinta o cuarenta años. Y pido al Señor que ella también recuerde su mirada de entonces.
Ahora tengo en la mano el recordatorio de Tadea, la hija de Lichi.

Monday, April 22, 2013



Conocí a don Rafael Llano Cifuentes aquí mismo, en esta casa de Molinoviejo donde estoy ahora. Fue en agosto de 1960. Yo asistía a un curso de verano en compañía de otros veintitantos universitarios de la Obra llegados de toda España, y Rafael Llano era el sacerdote, un cura muy joven, siempre sonriente y acogedor, que predicaba como si llevara medio siglo en el oficio.

Don Rafael se fue a Brasil poco después y el Santo Padre lo nombró obispo de la Diócesis de Nova Friburgo. El pasado 23 de febrero, ya como obispo emérito, celebró su 80 cumpleaños, y en la homilía de la Misa dijo, entre otras muchas cosas, lo siguiente:



Enel curso de la vida, la existencia, en el otoño, cuando no se rechaza el núcleo interior de la personalidad, se va haciendo cada vez más fuerte la conciencia de lo eterno, o para decirlo más claramente, la necesidad de Dios. Las cosas y los acontecimientos de la vida inmediata pierden su carácter perentorio. Lo que parecía ser de la mayor importancia deja de ser así, y lo que se consideraba insignificante cobra seriedad y luminosidad. La distribución de los pesos y los valores que se asignaron a cada una de las cosas, pueden a veces modificarse.
Esta toma de conciencia no conduce a una visión relativista, sino a dar luz a la creencia de que para alcanzar la madurez y superar el escepticismo uno debe renovarse. El idioma portugués es el único que identifica la palabra JOVEN con la palabra NUEVO. Los más jóvenes son más nuevos. Es muy significativa esa forma lingüística, porque realmente renovarse es rejuvenecer.
Renovar la vida es no caer en la rutina, este tipo de decepción decrépita de los que piensan que poco de nuevo, de diferente, le queda por vivir, que la curva del tiempo va declinando y en vez de crecer está descendiendo… Síntomas estos de lo que se viene llamando la crisis de la mediana edad..., de los 40 o 50 años. Una crisis que no debería suceder a ninguno de nosotros si realmente, en cada paso de nuestro viaje, supiéramos renovarnos. Es en ese sentido que los franceses dicen "renovarse o morir".
La vejez no es la situación de las personas que pierden su juventud. Tenemos que superar este infantilismo peligroso que lleva a pensar que este momento de la vida, que se llama juventud, es el que tiene valor para los seres humanos. A veces la vejez se reduce a aspectos negativos: las limitaciones, pérdida de elasticidad, la reducción del ímpetu de ciertas facultades... El anciano, de acuerdo con este punto de vista es un joven disminuido.
Es importante considerar en esta fase de la vida el valor de la experiencia adquirida a lo largo del camino y la madurez que se confunde con la sabiduría.
De hecho, la ancianidad tiene cualidades que la juventud no tiene, sobre todo la cualidad suprema que llamamos sabiduría. La vivencia profunda de que todo pasa, nos lleva a la necesidad vital de lo que no pasa, a lo eterno.
La sabiduría propia del hombre maduro, es algo muy diferente del ingenio, de la astucia. Es más capaz de distinguir entre lo importante y lo trivial, entre lo genuino y auténtico, entre lo transitorio y lo eterno, entre la fugacidad de la vida y la felicidad inconmensurable de poseer a Dios.
En esto radica el primer nivel de sabiduría: una experiencia profunda de que todo pasa, nos lleva a la necesidad vital de lo que no pasa, lo eterno.
La sabiduría da luz a una estabilidad serena, nueva y excelente, capaz de inspirar confianza a las personas de todas las condiciones y clases. Junto a ella parece que se sienta el impulso de exclamar: ¡qué bien que le he conocido, qué buena oportunidad poder vivir a su lado!. Confieso que esto es lo que sentí cuando tantas veces conversé con el beato Juan Pablo II, con su sucesor, Benedicto XVI, y numerosas oportunidades, con mi querido padre espiritual San Josemaría.
Dejo aquí su última confidencia, cariñosa, optimista, llena de esa madurez suave que proporciona una experiencia de vida y un elevado amor de Dios, hecha por él en su Jubileo de Oro Sacerdotal: "Cincuenta años, estoy como un niño que balbucea: Estoy comenzando y recomenzando en mi lucha interior de cada jornada. Y así hasta el fin de los días que me queden: siempre recomenzando. El Señor así lo quiere, para que en ninguno de nosotros haya motivos de soberbia ni de necia vanidad.”
¡Cuántas luchas, cuántos intentos frustrados, cuántos renovados esfuerzos, integran la vida de los amigos de Dios! Una de las cosas que veremos en el cielo será precisamente que la vida de los santos no será representada por una línea recta siempre ascendente, uniformemente acelerada sino por una curva sinuosa, ascendente y descendente, hecha de ánimos y lentitudes, emergencias y retrasos, aumentos y disminuciones… y de recomienzos vigorosos.
Conocer la sabiduría de un anciano es una bendición de Dios. Ahí remansa una larga vida: amó y fué amado, sufrió pero no perdió la alegría de vivir. Y todo esto se quedó impreso en su rostro sereno, con su voz suave, y tal vez, en su silencio elocuente, y aún más en su vida de oración: Romano Guardini hace hincapié en este sentido que "el núcleo de la vida de un anciano no puede ser otro que el de la oración".
Cuando el curso de nuestra vida sigue la voluntad de Dios, todo lo que vive se eterniza, aunque lo que se haga parezca banal: el Señor nunca olvidará las renuncias que hemos hecho para ser fieles a nuestra vocación, nunca se olvida de los pequeños sacrificios , las alegrías experimentadas por su trabajo y el amor, nunca se borrará la ayuda que damos a los demás, aunque fuera tan pequeña como la del Evangelio que se reduce a dar por amor un vaso de agua ... (Cf. Mt 10:42). Son las palabras, los gestos y obras esculpidas en el libro de la vida con caracteres de oro que no se desvanecen con el tiempo.
La sabiduría de la vejez, que pido al Señor me dé, no se consigue con melancólicos recuerdos, pero sí impregnando este "síndrome" del verdadero atleta que se esfuerza más y más cuando está llegando a la meta. Hillary, en un discurso pronunciado en el Parlamento británico después de su primer intento fallido de alcanzar la cima del Everest, mirando la fotografía de la cumbre, lanzó un reto: "Voy a ganar. Tú creciste todo lo que podías crecer y yo todavía estoy creciendo.”
Todavía estoy creciendo. Esta sabiduría no se deja vencer por la tentación de los recuerdos, continúa centrada en el futuro que le espera.
Todavía queda mucho por hacer, todavía queda mucho por construir, mejorar, muchas virtudes por obtener, muchos proyectos por realizar, muchas personas a quien hacer felices, hay todavía muchas almas para salvar... Y todavía tenemos la eternidad de Dios que nos espera junto a los seres queridos! Reflexionando así sobre las cosas, cómo es posible envejecer!
¿Alguna vez pensamos en el sonido fonético y psicológico que tiene la palabra “todavía “? “AINDA” Sigue siendo una de las palabras más bellas de nuestro léxico portugués. “Todavía” es el adverbio de esperanza y juventud.
La vida de un hombre que vive en este clima nunca deja de crecer hasta el último instante. Cada hora, cada día, cada año, cada dolor, cada alegría tiene un sentido de esperanza: no pasa para gastarlo, sino para construirlo definitivamente. La gran fuerza del renovado sentido de la vida, de la esperanza cristiana siempre presente, da una juventud perenne, eterna juventud, que está en la conciencia profunda y gozosa de que la vida en la tierra es un preludio de la vida eterna. Para aquellos que se abalanzan hacia adelante y corren hacia su felicidad eterna, siempre hay en el horizonte un más y más. Y al final de sus días en la tierra, este hombre puede decir, como el viejo Simeón, teniendo finalmente en los brazos al Salvador que anhelaban toda su vida: "Ahora, Señor, ya puedes dejar partir en paz a tu siervo" (Lucas 2: 9)... Estas palabras abren serenamente las puertas de la felicidad eterna.
Si la esperanza es el módulo para medir la juventud, ser joven es tener mucho futuro, un hombre en el ocaso de su vida - tal vez ya cercanos los noventa años - se puede sentir como un niño que se enfrenta a un futuro sin fin, un futuro eterno...
Es bonito que la iglesia denomine el día de la muerte dies natalis, el "día de nacimiento".


Sunday, April 21, 2013



Está claro que la Superbowl ha influido mucho a la hora de establecer la lista de los anuncios más vistos en el mes de febrero 2013. Éste, con 30 millones de visitas, está casi a la cabeza.
Ya se ve que las marcas no sólo buscan llamar la atención del consumidor en sus casas, si no también a través de plataformas como youtube.

 


Leoen el periódico: “cuando se conoció la noticia de la detención del segundo terrorista, miles de ciudadanos de Boston llenaron las calles espontáneamente para vitorear a sus fuerzas de seguridad”.
―Estas cosas ―me dice Kloster― pasan en América. Allí saben que tienen el derecho a aplaudir y lo ejercen con generosidad. En cambio la vieja Europa y la anciana España sólo conocen el derecho a exigir, a quejarse, a gruñir, a sospechar, a protestar, a intimidar, a insultar…
―No te pases. También aplaudimos a la selección de fútbol, a Nadal…
Kloster me mira compasivo y sale al jardín para aplaudir al Creador que nos manda esta preciosa primavera.

Saturday, April 20, 2013



Toledo. Mucho más que una ciudad, que un paisaje. Yo no nací en Toledo, pero cuando recorrí sus calles por primera vez (tenía 16 o 17 años) me sentí como si formara parte de un cuadro del Greco y no pudiera ni quisiera salir de él. 
Rosa me envía este vídeo y dice que hay que verlo a pantalla completa. Y disfrutarlo.





Leoen los papeles que los obispos “presionan” para que se modifique la ley vigente del aborto. ¡Hay que ver cómo son de aguerridos nuestros amados obispos!; con solo opinar, ya presionan. Pero es que además los obispos no piden modificaciones; quieren que se suprima esa ley y también la anterior; que se proteja la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
 Leo también las declaraciones de un presunto líder que se parece mucho a José Mota. Asegura que si se modifica la ley (o sea eso que no piden los obispos), denunciará el concordato del Estado Español con la Santa Sede. Bien, Alfredo, bien. Ya, por el mismo precio y para hacer más “presión” podrías oponerte a los acuerdos entre el gobierno y la Liga de fútbol profesional. A ver si vemos más partidos en abierto.
Vuelvo al periódico, y veo que el Ministro que se propone modificar la ley para que los abortadores maten menos, dice que “los obispos no están contentos con la reforma”. ¡Estupendo! De eso se trata. Que se enfaden un poco los obispos, que se pongan de morros. ¡Somos más malos…!
Luego leo (y oigo por la radio) las distintas posturas de un grupo de biempensantes de derechas. Aseguran que no hay demanda social, que la ley de “supuestos” está bien, que tampoco podemos “alejarnos de Europa” elaborando una ley demasiado conservadora… Y se les llena la boca de eufemismos como “derechos reproductivos”. “interrupción voluntaria del embarazo” y cosas así.
Todos ellos saben ―porque es imposible negarlo― que eso que llaman “feto” o “embrión” es un ser humano vivo y que “interrumpir el embarazo” equivale a matarlo; pero nadie lo dirá. “Hay demasiados radicales en este debate” ―apostilla un sociólogo―.
No veo yo que haya tantos. “Radicales” son los que va a la raíz. Prefiero que me llamen radical a que digan que me ando por las ramas.
ban nha mat pho ha noi bán nhà mặt phố hà nội